Valor compartido, la mejor estrategia para el empoderamiento de la mujer

Estudios señalan que impulsar proyectos que estimulan el empoderamiento de la mujer contribuye directamente a la riqueza económica de un país.

Desde que en 2006 The Economist anunció que las mujeres eran mano de obra desaprovechada, numerosos estudios han demostrado cuánto podría incrementar el producto interior bruto de un país si las mujeres fueran también asalariadas.

Es lo que recoge la revista Standford Social Innovation cuando publicaba un artículo en 2015 donde animaba a las empresas a invertir en programas de desarrollo de las mujeres.

Según el artículo, incentivar el desarrollo profesional del género femenino no solo supone a la empresa la oportunidad de conseguir más talento, sino que también contribuye directamente a la normalización de políticas de género. Es lo que Michel E. Porter y Mark R. Kramer  llamaron ‘valor compartido’.

Para conseguirlo, la mejor manera es que la empresa trabaje codo con codo con una organización no gubernamental de mujeres que cuide su desarrollo y sus derechos. Una estrategia basada en el ‘valor compartido’ tal y como lo llamaron Michael E. Porter y Mark R. Kramer en un artículo anterior de la misma revista. Este modo de trabajar también es recomendado por el Banco Mundial en el informe “Género en el trabajo” publicado en 2014, donde señala la necesidad de establecer este tipo de relaciones para superar con éxito las desigualdades de género.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que recurrir a una asociación intermediara puede dar mejores resultados. Es el caso de Johnsons & Johnson y el Fondo Mundial para Mujeres (FMM). Tal y como se explica en el artículo, la compañía pudo ayudar con éxito a mujeres con riesgo a morir en el parto gracias a la intervención de FMM por su labor con mujeres de países en desarrollo.

Esta estrategia consiste en que ambas partas apliquen sus habilidades para generar recursos que uno por su cuenta quedaría limitado. Según el artículo, que después de observar varias experiencias de este tipo puede considerarse como una guía de buenas prácticas, es necesario trabajar de forma paralela para conseguir el máximo de beneficios para ambas partes.

Tener una agenda en común, compartir protocolos de mediación, contar con un departamento troncal y mucha comunicación entre la organización y la empresa es esencial. Pero sobre todo, es vital evaluar cuál ha sido el impacto del proyecto, a cuántas mujeres ha afectado y cómo ha influido en su vida personal y profesional.

Todo el mundo gana

Cultivando este tipo de relaciones entre empresas y organizaciones de mujeres se incentiva simultáneamente el éxito empresarial y el desarrollo social. Por este motivo cada vez son más las compañías que invierten en programas diseñados para el desarrollo económico de las mujeres, un modelo de negocio atractivo y sostenible donde empresas globales y entidades locales colaboran en un mismo espacio.

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